LODOSO REMEMORANDO UN AYER TAN PRÓXIMO...

 

 

 

 

 

Preámbulo:  
       

 

 

En esta página, el autor, quiere rememorar aquellas costumbres y formas de hacer las cosas de las gentes que nos precedieron, y que conformaban su existencia, a tenor de la tradición, las creencias, las necesidades, y aquellas imposiciones más o menos férreas, por parte de los poderes que existieron, existen y existirán en cualquier organización social.

 
   
 
      Costumbres religiosas con carácter social:  
         
      Bautizos:  
   

Era costumbre, e incluso imperativo eclesiástico, el llevar a bautizar a los pequeños, a lo sumo, a los 8 días de su nacimiento. La iglesia de Lodoso, en las épocas de frío, y casi en las de calor, sabemos lo fría que es; con lo que dado que las ceremonias de Bautismo, hasta hace bien poco, suponían, además de rociar de agua al bebé sobre su cabeza, el retirar sus ropas para ungirle de los Santos Óleos sobre su pecho. Todo ello constituía un casi seguro de constipado, y si no de algo más; con lo que, como decía mi padre, si el bebé sobrevivía el mes siguiente a su bautizo quedaba "inmunizado" de casi todo. De hecho, éste que les cuenta esto, tras su bautizo, estuvo a punto de engrosar esa lista de los que no pudieron con aquellas prácticas.
Tras el bautizo los padres y padrinos, camino de la casa, arrojaban caramelos y dulces y los niños y no tan niños, y nos tirábamos por ellos, con lo que, si había barro, pues acaso el presentarse en casa de aquella guisa, suponía todo un problema. Ah, y si la cantidad de dulces tirados no era lo suficientemente espléndida, se cantaba aquello de:

 
    Bautizo, roñoso,
Bautizo "cagao",
si cojo al/la niño(a)
lo tiro al "tejao"
 
         
      Comuniones:  
   

Las comuniones suponían el aprenderse antes de aquella deseada fecha, aquellos Catecismos de una forma precisa y demostrar al Sr. Cura los abundantes conocimientos de Historia Sagrada adquiridos. En mis tiempos la catequista de mano de hierro lo era Dª Pili, la maestra, que en el orden religioso era todo un portento.
Dada la gran devoción que en Lodoso hay a la Virgen del Campo, y que la fiesta es en el mes de Mayo, mes por antonomasia de las Primeras Comuniones, muchos hicimos en esta pequeña ermita nuestra primera comunión, y en aquellas rutilantes procesiones por todo el pueblo ejercíamos ese día de anfitriones.

 
       
      Bodas:  
   

Si partimos de que el refrán que decía: "El que lejos va a casar, va engañado o va a engañar", pues para qué no decir que hasta hace apenas cincuenta años, casi todos los mozos y mozas del pueblo encontraban su pareja en el propio pueblo, sin que ello presuponga que quienes lo hicieran fuera, el refrán tenga nada que ver, pues al fin y al cabo, no es sino un refrán.
El casarse, además de presuponer la voluntad de hacerlo de los miembros de la pareja, suponía el tener la anuencia de los padres, y de hecho esta anuencia se corroboraba con una especie de cena o reunión, que se tenía en la casa de la novia, a la que acudían los padres del novio y éste, para pedir el matrimonio. Y se dice, que cuando el novio no era del agrado de los padres de la novia, la tortilla se dejaba quemar, intencionadamente, lo suficiente, para mostrar a las claras, mediante aquel olor contundente, tal disconformidad. De ahí lo de "huele a tortilla quemada", lo que daba un mensaje claro a los padres del novio, que "aquello no estaba claro".
Ya, el día de la boda, y al salir de la iglesia, también existía la costumbre de arrojar caramelos, como en los bautizos. Así mismo, se cantaba a los novios desde el exterior de la casa donde permanecían éstos. Y yo incluso recuerdo, cómo en la boda de Basi Santamaría, los novios fueron paseados en carro, tirado por los mozos, por todo el pueblo.

 
       
      Funerales:  
   

A mí lo que más me impactó siempre, cuando alguien del pueblo moría, era el toque a muerto de las campanas al amanecer. Hasta bien entrada la década de 1960, existía en Lodoso la Cofradía de las Santas Animas, a la que pertenecían todos los vecinos. El título de Cofrade Mayor, y que hoy podría decir Presidente, lo iba ejerciendo, cada año, un vecino. Y era el encargado de repartir una tablilla, con el nombre de cada cofrade, el día previo al funeral; y así mismo, era el encargado de recogerla, a la entrada de la iglesia en la misa de funeral. Evidentemente, era una manera de "paso de lista" de asistencia al mismo, y lo que hoy puede parecer exagerado, entonces quizás sirvió de lazo de cohesión entre las gentes en los momentos más duros.

 
   
 
      Costumbres y labores sociofamiliares:  
         
      La matanza:  
   

La matanza del cerdo, o los cerdos, según necesidades y "poder", ha sido para las gentes de nuestros pueblos, la fuente de alimentación más importante hasta bien acá. Y hasta tal punto este hecho suponía tal importancia, que sus "funerales", suponían una fiesta que reunía varias familias colaterales. Algo así como lo que hoy sería una boda. Ni que decir tiene, que como esta fiesta gastronómica se solía hacer en los meses de invierno, éste se hacía mucho más llevadero y aquellas fiestas reforzaban los lazos de familiaridad de gran manera.
Por supuesto que de los productos del cerdo, tales como el chorizo, la morcilla, el tocino, etc. se "tiraba" para el condimento de suculentos cocido,s para sobrellevar las faenas del campo "estirando" sus existencias durante casi todo el año.

 
       
      El horno:  

 

No todas las familias de Lodoso poseían un horno para cocer su pan. Por lo que otras, que sí lo tenían, digamos, que alquilaban su horno, a cambio de recibir una hogaza de pan recién hecho. Los hornos y su uso volvían a ser un hecho más de refuerzo de los lazos familiares. Yo recuerdo a mi abuela materna dirigiendo a sus hijas, que no eran pocas, los días de "hacer pan". Hacer pan suponía, a parte de un cierto conocimiento, un importante trabajo. Pues, tras moler el trigo, había cerner o cribar la harina con el cedazo, que era una criba de malla de alambre muy cerrada, y que se deslizaba una y otra vez sobre unos listones de madera que iban en lo alto de la artesa, para separar el salvado. Amasar la harina, con la cantidad justa de levadura, para una fermentación adecuada, era una labor que se hacía el día anterior al cocido, para así dar tiempo a tal fermentación de la masa, la cual quedaba tapada por la noche con la masera, o manta, para conservar el calor de la fermentación. Así mismo, el día anterior ya se solía calentar el horno con paja, para que al día siguiente, esto es, el día de la cocción, ya estuviese "tibiado", que así se denominaba este precalentamiento. Ya, el día de cocción, por la mañana, se confeccionaban las porciones que solían pesar sobre 1 Kg., los denominados panes, y los de 2, se llamaban las hogazas. A los niños, nos solían hacer con masa algunas figuritas, tales como pajaritos que nos hacían mucha ilusión cuando nos las entregaban ya cocidas.
Se limpiaba bien el horno con las tocas húmedas, y cuando éste estaba lo suficientemente caliente, mediante unas palas de madera de mango largo, se iban introduciendo los panes, permaneciendo allí hasta su cocción. Este pan, sin otro aditivo que la ilusión por lo bien hecho, podía durar comestible hasta tres o cuatro semanas y, ni que decir tiene, que a lo largo de la historia ha sido el principal alimento de nuestra cultura castellana. Para ver los útiles del horno y su funcionamiento pulse sobre el gráfico del margen, de poco más arriba.

 
       
      La colada y el jabón:  
   

No hace falta decir, que hasta hace poco más de 50 años, los detergentes, no eran sino ciencia ficción. En su defecto, nuestros antepasados, se valían para lavar la ropa muy sucia, de la llamada "Colada". El proceso era como sigue: Se calentaba agua, normalmente en la calle, en una gran caldera de cobre. Cuando el agua comenzaba a hervir, se le añadía abundante cantidad de ceniza que se había guardado, bien procedente de la gloria o del fogón. Una vez bien removida la disolución se vertía sobre las ropas sucias que estaban en un gran cesto de mimbre, colando previamente por el cernadero, que era un lienzo gordo, a modo de filtro, que retenía la ceniza, no disuelta. La ropa, impregnada con esta disolución, quedaba a "mojo" hasta el día siguiente que se aclaraba o "deslavaba" en la poza del arroyo. Ya deslavada y aclarada, la ropa se tendía en el suelo de la era, sobre la hierba, y se mantenía húmeda, regándola con abundante agua, a poco que secase. Y así permanecía durante dos o tres días, hasta hacerse el aclarado definitivo.

El jabón también se hacía en casa. Para ello se disolvían en la caldera con agua hirviendo sebo rancio de la matanza, tocino normalmente también rancio. Luego, se añadía sosa que se adquiría en la ciudad. Todo ello se amalgamaba a base de vueltas y más vueltas, palo en ristre, en la caldera, y cuando iba espesando, se vertía en moldes al efecto, y que solían hacerse aprovechando latas de conservas o similares; y se dejaba solidificar lo suficiente, para que al sacarlo no se quebrara. Una vez fuera del molde, se cortaba en los trozos de uso, y seguía secando, hasta tomar la consistencia propia de una pastilla de jabón.

 
       
      El molino:  
 

Cada mes, más o menos, corría la vez para utilizar el molino a un vecino. Como ya se expresa en la documentación del Censo del Marqués de la Ensenada de la parte histórica de esta Web, en Lodoso hubo dos molinos. Uno en la ubicación actual, y que se usó hasta 1966 como tal molino, y el otro, en el término de El Prior, cuyo uso lo fue, hasta finales del siglo XIX. El día de molino, se aprovechaba para tal faena ineludible, por razones de necesidad, bien para moler trigo para hacer el pan, y/o para moler yeros, alholvas, cebada, avena etc. para pienso de los animales como los bueyes, mulos, cerdos etc. El trigo se molía en la rueda primera, llamada "piedra blanca", y los piensos, en la segunda, con el fin de que en la del pan no se mezclaran las harinas, e influyera en su calidad. Normalmente había el suficiente agua motriz para la molienda, pero también se daba el caso, normalmente en verano, en el que el agua escaseaba, y había que aprovechar, a base de cerrar las compuertas, cuando no lo había, y tener que estirar las horas, incluidas las de la noche, para aprovechar la vez, conforme a las necesidades.
Los granos se bajaban al molino, normalmente en las "zaquiladas", que eran una especie de sacos de volumen considerable, y se subía la harina al pueblo en las "talegas", que también eran sacos de tejido tupido, para no dejar salir la harina. Y eran los burros, o los mulos, en sus lomos, los porteadores para subirlo al pueblo. Dado que, a veces, el cabeza de familia estaba arando, tal vez lejos del pueblo, los muchachos ejercíamos de, al menos "arrancadores" y "paradores" de aquella máquina, a base de levantar la "cerraja" o compuerta, que algunas veces se "resistía", con los consiguientes contratiempos y solicitudes de ayuda.

 
   
 

 

 

 

 Costumbres políticas y comerciales:  
         
      Reuniones de Concejo:  
 

El Concejo equivalía, más o menos, al Ayuntamiento actual. Aunque el Concejo fuera regido por el alcalde y los regidores, en algunas decisiones se contaba con el parecer de los vecinos, y para ello, se les citaba a "Concejo". Esta citación la pregonaba el alguacil, normalmente el día anterior, de viva voz, en cada recoveco del pueblo, y la "apostillaba" con un toque de corneta. En este pregón, se anunciaba la hora de celebración y el asunto a tratar. Así mismo, momentos antes de la misma, la campana tañía el toque característico para citar a los vecinos. Los más mayores recuerdan al singular alguacil "tío Antonino", quien en sus pregones intercalaba tales dichos de su gracejo, que han llegado hasta nuestros días.

 
       
     

Las subastas, con zarandajas y las almonedas:

 
   

Cuando se sacaba a subasta alguna finca, el local para tal subasta solía ser la gloria de la cantina. El vendedor, y como norma de costumbre, ponía a disposición de los concurrentes el suficiente vino como para que éste no faltase, digamos que era el impuesto al vendedor. El comprador también pagaba otro "impuesto" normalmente más cuantioso, y que consistía en que el pujador de la subasta podía, además de subir la última puja, agregar a una especie de cuenta vecinal una cantidad no en dinero sino en especie. Así, suponiendo que la puja iba en 5.000 Ptas., alguien cantaba aquello de: "6.000 y una cántara (de vino) a zarandajas". El anotador, naturalmente iba sumando todas las zarandajas y el mejor postor se hacía cargo del precio de la finca, más el precio de las zarandajas que se habían cantado en esa venta. Las zarandajas no sólo lo eran de vino, sino de viandas,  como pollos, corderos y demás géneros; con los que el pueblo, a los pocos días, celebraba un gran ágape con cargo a los compradores.

Las almonedas consistían en que, cuando alguien, que normalmente migraba a la ciudad y ya no necesitaba los aperos, quizás tampoco los muebles, y demás, vendía los mismos mediante una subasta pública. La almoneda se celebraba, normalmente, en el portal de la casa del vendedor, a la que acudían los vecinos interesados, o curiosos. Siempre había un vecino que le daba vida a la almoneda y ejercía de subastador, para cantar las pujas y animar las mismas. En el recuerdo, el Sr. Antonino, el Sr. Roque, y sus continuos gracejos que hacían de la almoneda todo un espectáculo. Por cierto, había una frase célebre para rematar una adjudicación, y que decía aquello de: " Al mejor... a la una... a las dos... y a las tres..., postor"

 
   
 

 

 

 

 Fiestas anuales de carácter religioso, o no, señaladas:  
         
      Los Reyes Magos: (5 y 6 de Enero):  
   

En la noche mágica que precede a los Reyes hubo en Lodoso una tradición, que consistía en que los pastores del pueblo salían a cantar villancicos relacionados con esta fiesta tan entrañable. A la mañana siguiente, es decir, la de Reyes, estos pastores pertrechados con su atuendo, recorrían las casas en demanda de su aguinaldo, y que estaba en consonancia con su buen hacer de la noche anterior. Quien les cuenta esto, y ya por los años finales de los 50, no recuerda que fuesen los pastores quienes cantasen estos villancicos, pues aunque sí existía, al menos un pastor, tal vez no quiso seguir esta tradición, y lo que sí recuerdo es a las mozas del pueblo cantando estos villancicos en la calle. Recuerdo uno que, más o menos comenzaba: "Alegría, caballeros, es la fiesta de los Reyes..."
Ya, el día de reyes, y dado que los presupuestos familiares no eran boyantes, y por lo tanto,  los reyes se quedaban un tanto menguados, el Sr. cura nos solía dar a los niños algunos dulces. Y el tabernero, también era costumbre, darnos unas naranjas, castañas... en fin, algo.

 
       
     

Día de las Candelas (2 de Febrero, laborable):

 
   

Las madres que a lo largo del año habían tenido hijos acudían con éstos a misa, con una vela, en acción de gracias, y para ser bendecidos los niños/as y sus madres. Evidentemente que el nombre popular de "Las Candelas" hacía referencia, a esta candela o vela que portaban.

 
       
      Carnaval o Carnestolendas, y el "Huevecillo":  
   

Aunque ahora, lo que es en las ciudades, como la nuestra de Burgos, los Carnavales o Carnestolendas, (del Latín: suprimir la carne) se celebren con mucho más estruendo y color que hace 30 años, en nuestros pueblos ocurría todo lo contrario, y me explico: Partimos de la base de que, en principio, la personas disfrazadas no podían salir a la calle, so pena de fuertes penas pecuniarias de multa, o incluso detención. Por lo que en las ciudades, a ver quién era el valiente que se exponía a ello. Pero aunque la ley era igual para toda España, en los pueblos, y si además eran pequeños y no había agentes de la Autoridad a quien comprometer, como es el caso del nuestro, pues la tradición del disfraz y la cencerra colgando, yo siempre la he visto en Lodoso, hasta que la falta de mozos y mozas la ha dejado sólo para el recuerdo.
Concretamente estos disfraces se hacían el martes de carnaval por parte de los mozos, quienes ataviados con algunas vestiduras, normalmente de mujer, tal vez de sus madres o hermanas, o con prendas de pieles vueltas que portaban los pastores (pellizos), tapando sus rostros con alguna careta "manufacturada" y, eso sí, con una buena vara de fresno u olmo en la mano, corrían tras los pobres niños, quienes cuando salíamos de la escuela a las 5 de la tarde probábamos la flexibilidad de las mismas, a poco que te descuidases. Claro que la regla era que todo "mojigango", que era como se denominaba al disfrazado, debía portar una cencerra o esquila colgante que delatase su presencia cuando andaba, y más si corría. Pero acallar el cencerro es fácil si se anula el blandir del badajo. Aún recuerdo cómo una vez, el buen Santos y yo fuimos sorprendidos al salir de la escuela, y gracias a las piernas de "corcillos" que teníamos logramos zafarnos, casas altas arriba, y tuvimos que ver la puesta del sol desde Paramillo, pues nuestro "burlado" nos esperaba, para desagraviar su "afrenta", abajo.
Luego, cuando el sol caía y se echaba la noche, nuestros mozos se quitaban la careta y siguiendo con sus vestiduras mojigangas recorrían el pueblo casa a casa para pedir viandas con que celebrar una suculenta cena en lo que cabía en aquellos tiempos, ahora sí, acompañados de las mozas, y a poco que la madrugada se estirase tras aquella fiesta, ir a tomar la ceniza a la mañana siguiente miércoles, en los años en los que hubo cura afincado y que fue hasta 1956.
Los niños y niñas también hacíamos nuestra fiesta de Carnaval pero sólo en plan gastronómico, si así se puede llamar. Esta fiesta la llamábamos el "Huevecillo". La mañana del domingo los niños y la del sábado las niñas, recorríamos las casa del pueblo para pedir huevos, torreznos, chorizo, tocino y aceite, con los que celebrar una merienda que a todos se nos hacía suculenta. Cuántos recuerdos en aquellas glorias de la señoras Delfina, Teodora, Adela, y otras que se ofrecían a condimentarnos los "manjares", y soportarnos aquella tarde.
Pero si por la tarde dábamos cuenta del ágape, lo verdaderamente clásico era, por la mañana, "sonsacar" casa a casa los huevos, el aceite, los torreznos, el chorizo y demás. Y los tiempos no eran tan boyantes como para dispendios, así que las trampas estaban a la orden. Cuando la señora salía con su cesta de huevos para darnos uno, quizás dos, y si era espléndida igual hasta tres..., si se descuidaba lo más mínimo, mientras otros la distraían, el más avispado metía la mano en el cesto y algunos huevos se "perdían". Así mismo cuando la señora acudía a darnos su aceite portando la alcuza, y echarnos la parte correspondiente en el cucharón que hacía de medida, algún muchacho "tropezaba" con su hombro en la alcuza cuando ya el cucharón rebosaba y el aceite se derramaba sobre nuestra orza. Así que con lo que nos sobraba de aceite, huevos y demás, se lo solíamos vender al cantinero, o cambiárselo por leche, naranjas, sobres de flan, etc. para tener "material" con los que nuestras cocineras pudiesen hacernos los postres, y es que si no se es goloso no se es de Lodoso.
Este recorrido casa a casa iba amenizado por un cántico que se repetía martilleantemente, y que si no se hacía como "Dios manda", no había limosna.. La canción decía algo así:

Ya vienen las Carnestolendas
señoras mujeres a lo que se estila.
A los chicos de la escuela
se les da "forraje" para sus comidas.
Si no saben que es "forraje"
se lo explicaremos con luz y armonía:
Huevos y torreznos y otras zarandajas
que en la casa "haiga".
Licencia del Rey traemos
y de su Majestad divina:
Que a quien no nos dé limosna,
le matemos las gallinas.

 
       
    Y si quieres oír la música, esa un poco martilleante:  
       
     

Domingo de Ramos:

 
   

El ramo bendecido, era costumbre, el colocarlo en las cuadras del ganado, por aquello de que al estar bendecidos, "ahuyentarían" los males de éstos.

 
       
     

Jueves Santo:

 
   

Lo que más "prestigio" daba en Semana Santa, para un niño del pueblo, era ser monaguillos. Eso de pasearte por el pueblo con los tres carracones que teníamos en Lodoso para anunciar los Santos Oficios, y darle a aquellas manivelas generadoras de ruido, era todo un acontecimiento. El Sr. Ignacio Rojo nos los mantenía siempre en perfecto estado, y nada se le resistía a nuestros excesos "maniveleros". Ya en los Oficios, aún me resuenan en los oídos los "retorneados" gregorianos del Sr. Faustino Río que impulsaba el coro cantor como nadie. Anterior a los años 50, yo le he oído a mi padre que celebraban lo que llamaban "Las Completas", que venía a ser un rito religioso, ante el llamado "Monumento", cuyas tablas conservamos aún; rito que se hacía a altas horas de la tarde noche, con profusión, también de cánticos en latín, por supuesto, y toques de los carracones aludidos.

 
         
      Viernes Santo:  
   

La procesión del "Santo Entierro" o de "La Cruz a Cuestas" era una de las procesiones con más raigambre en Lodoso. En ella participaba la mayoría del pueblo. Había, por supuesto, el Jesús con la Cruz a cuestas, el Cirineo, los soldados romanos, la Magdalena, la Verónica, los monaguillos con los faroles, el coro de mozas cantoras... Por cierto, una de las cosas más señaladas era que la procesión se hacía en sentido contrario, a como se hacía el resto y aún seguimos haciendo, esto es, se salía hacia el Oeste (barrio de arriba) y se regresaba a la Iglesia por el Este (barrio de abajo). Nunca supe el por qué.

 
       
     

Pascua de Resurrección:

 
   

Se hacía también, como se sigue haciendo en muchas localidades aún hoy, la procesión llamada "Del Encuentro". Consistía en la salida de la iglesia en dos procesiones. La primera, compuesta por los hombres y niños, portaba a Jesús Resucitado. La otra, compuesta por las mujeres y niñas, portaba a la Virgen enlutada. Cuando ambas procesiones se encontraban, se le quitaba a la Virgen su manto negro, y la alegría se representaba en un volteo grandioso de las cuatro campanas.

 
         
      San Isidro (15 de Mayo, no laborable):  
 

Que San Isidro es el patrón de los labradores no hace falta decirlo a nuestras gentes del pueblo, y que su devoción ha permanecido y permanece, tampoco. Cada año la imagen del Santo sale en procesión, y se implora de su intercesión, lo que reza su cántico:

San Isidro, labrador,
humilde te suplicamos:
Pide al Señor nos conserve
los frutos de nuestros campos.

 
       
     

Nuestra Señora del Campo (31 de Mayo, no laborable):

 
   

Si en Lodoso la ermita por excelencia lo es Santa Marina, tampoco la Virgen del Campo queda atrás. Durante todo el mes de Mayo se rezaba el Rosario en la ermita al caer la tarde. Los niños y niñas teníamos que acudir a paso de "lista" de la insigne maestra de los años 50 y 60, Dª Pili. Las niñas, todos los días, portaban un ramillete de flores que reunían a veces con la ayuda de los niños, los cuales ejercíamos y nos "entrenábamos" con aquello de futuros "pretendientes".
El último día de Mayo se celebraba la fiesta grande de la Virgen del Campo. Fiesta no laborable en Lodoso, y donde algunos años se celebraban las Primeras Comuniones.

 
       
     

Pascua de Pentecostés, Pascuilla (la Virgen de la Cuadra) y Santa Marina (martes de Pascua):

 
 

Pues así era. Tres días de fiestas seguidos, y qué fiestas. El lunes de Pascua, también llamado "Pascuilla", en la Virgen de la Cuadra, que como sabemos es la ermita situada entre Mansilla de Burgos y Zumel. Nada menos que nueve pueblos acudían, y aún hoy acuden, pero ya no el Lunes, sino el domingo, con sus estandartes, sus cruces parroquiales y sus gentes a su ermita Estos pueblos son: Zumel, San Pedro, Mansilla, Las Rebolledas, La Nuez, Las Celadas, Los Tremellos, Miñón y Marmellar de Arriba. En algunos documentos yo he podido ver que Lodoso también acudió con su estandarte a esta ermita; pero por algún motivo que desconozco, ya desde mi uso de razón, nunca vi representación oficial de Lodoso. Eso no era óbice para acudir, y contemplar esa amalgama de gentes a implorar, en devoción, por el buen fin de las cosechas, y demás necesidades y devociones. Ya por la tarde, se celebraban grandes bailes en Mansilla, de donde habrán salido noviazgos que en su día fructificaron en matrimonios entre las gentes de nuestros pueblos. Basta el ver los árboles genealógicos, sobre todo de Zumel y La Nuez y Lodoso, donde hay varios matrimonios entre gentes de estos pueblos. Al margen, una foto más reciente de la que tuvimos hasta Junio de 2018, de la procesión de la Virgen de La Cuadra.
Y el martes de Pascua, Santa Marina. Esta fiesta como quiera que la tradición la ha mantenido más o menos igual, a lo largo de los años, salvo que ahora la celebramos el sábado anterior al domingo de Pentecostés, ya está explicada en el apartado de Fiestas actuales por lo que desde el menú desplegable que aparece arriba elige Lo social, descuelga y pincha en Fiestas.

 
         
      Corpus Christi: (No laborable, jueves a los 11 días de Pentecostés):  
   

El pueblo se engalanaba, y cada cual sacaba a la ventana o al balcón sus mejores colchas y sábanas bordadas. Se erigían tres o cuatro altares, a base de mesas y maderas, y se engalanaban, así mismo, de telas, y abundantes flores. En todos estos altares se presentaba el Santísimo, que recorría el pueblo en procesión bajo el palio.

 
       
     

Los Sagrados Corazones ( Domingo a 10 días del Corpus):

 
   

También en este día se hacía una gran procesión con las imágenes de los Sagrados Corazones, y las mozas y niñas lanzaban pétalos de rosa a los mismos.

 
       
     

San Pedro y San Pablo (29 de Junio, no laborable):

 
 

En esta fecha era lo normal el acudir a la fiesta grande de Burgos, capital, a la venta o compra de animales en la mayor feria provincial de ganado, y que se celebraba donde hoy están ubicados el polideportivo y pistas del complejo San Amaro. Los animales, y hasta bien acá, que se pretendía vender, o que se compraban, era normal su traslado desde, o hasta Lodoso, a pie, o lo que se denominaba "arreándoles", por lo que no todo eran fiestas, ni mucho menos, y quien más y quien menos de nuestros abuelos actuales cuentan sus "batallas" en tales arreos, lo cual, suponían todo un ejercicio de habilidad y forma física.
Claro que también nos trasladábamos a Burgos para contemplar los muchos espectáculos habidos en la capital en este día (cabalgata, toros, bailes regionales, circos, teatros etc.). Algún año hasta tuvimos una representación de Lodoso en la Cabalgata de las fiestas de Burgos, que por cierto fue de lo más llamativo en aquel desfile, y que incluso he visto que algunos siguen plagiándonos en nuestros días. Como se ve en la fotografía el coqueto carro rojo tirado por el burro, también de Lodoso, recorrió las calles burgalesas en olor de multitudes. Ah, qué de quién era el carro y el burro preguntaréis, pues de un enamorado de estas cosas como lo fue mi tío Vidal.

 
       
     

Santiago (25 de Julio, no laborable):

 
   

Esta fiesta y la del 15 de Agosto (La Asunción) eran los únicos días no laborables de los meses de Julio, Agosto y Septiembre, durante los cuales se trabajaba en la recolección; pues los domingos, aunque era obligatorio acudir a Misa a las 6 de la mañana, sí se podía trabajar. Por eso, y dado lo extenuante de las labores del campo, estos dos días se aprovechaban para hacer aquellas labores que no se consideraban de trabajo y por tanto estaban "dispensadas", como era lavar la ropa por parte de las mujeres y sacar a pastar los bueyes o mulos los hombres. Así mismo los hombres, mozos y niños bajábamos a la "Presa del molino" o a los pozos del Urbel a darnos un remojón que bien que era necesario. También alguna moza o niña aprovechaba para tal fin, pero debía cuidarse muy mucho de no ser sorprendida, no ya por el tema del "santo pudor", sino porque las costumbres machistas estuvieron muy arraigadas hasta bien acá.

 
       
     

La Ascensión (15 de Agosto, no laborable):

 
   

Lo mismo que se ha dicho para la fiesta de Santiago en cuanto a los quehaceres domésticos. En esta fiesta y aquellos privilegiados que tenían bicicleta, solían desplazarse a Tardajos donde se celebraban animadas fiestas, y lo de animadas, no era raro que lo fuese en todos los sentidos.

 
         
      Fiestas Patronales (9, 10 y 11 de Octubre):  
   

Aunque la celebración de San Cristóbal, patrono de Lodoso, lo es el 10 de Julio en el santoral eclesiástico, desde tiempos que nadie recuerda se celebraron las fiestas patronales los días apuntados arriba, y así fue hasta el año 1979, como nos ha recordado Francis Martínez. El motivo no era otro que dado lo perentorio de las labores de la recolección durante los meses de verano, se consideraría todo un dispendio el perder tres días en fiestas, y se determinó su traslado a estos días. Aunque Octubre no es un mes del todo malo tampoco era raro tener las fiestas pasadas por agua e incluso no "pasar nada calor", por lo que en cuanto la mecanización del campo ha solventado la premura y gran parte de los esfuerzos y tiempo en la recolección, las fiestas patronales han vuelto a su celebración no ya el día 10 de Julio, siempre, sino al fin de semana más próximo a tal fecha, por aquello del normal asueto del fin de semana, y el poder acudir a las mismas el mayor número de gentes relacionadas, o no, con el pueblo.

 
       
     

Todos los Santos (1 de Noviembre, no laborable):

 
   

Como en todos los rincones de nuestra cultura cristiana el día de todos los Santos, y la noche que precedía al día 2, era y es el día en el que rendimos culto y memoria a los que nos dejaron. Como no todo es tristeza y dolor en nuestros ritos de recuerdo a nuestros difuntos, también en Lodoso, y supongo que así mismo en los pueblos de nuestro entorno, en este día se celebraba por parte de los mozos la fiesta llamada "La Machorra". La misma consistía en la cena de una oveja de dos o tres años y que su dueño se desprendía de ella por el motivo de no haber procreado, de ahí lo del nombre "machorra", y por tanto de no producir dos productos fundamentales de la oveja: corderos y leche. Tal cena producía las suficientes energías y carencia de temores para acudir a la iglesia en turnos para tocar las campanas hasta bien entrada la madrugada a efectuar el toque de este día, y que se llamaba "El ya Vendrán", y que se explica en el apartado de toques de campanas.

 
   
 

 

 

 

 Los toques de campanas:  
         
   

Las campanas siempre han tenido un sentir especial en la cultura de nuestros pueblos. Con sus tañidos se han transmitido las "noticias" y sentimientos de muchos eventos religiosos y sociales. Nuestra Diputación de Burgos hace algunos años viene intentado hacer que no se pierda esta bella tradición convocando todos los años el llamado "Concurso de Campaneros" que va recorriendo año a año los pueblos de la geografía burgalesa. Esperemos que algún año recale en Lodoso para meter en nuestros jóvenes el "gusanillo".

 
       
     

El campanero relojero:

 
 

La labor del toque de campanas era todo un arte, y para tal fin y la conservación de las mismas, el Concejo o Ayuntamiento arrendaba esta función a una persona entendida y que a su vez realizara tal función a un precio que se sacaba a subasta. La conservación consistía en el engrase y vigilar que nadie tocase con ropa, como la boina por ejemplo, el bronce cuando vibraban, pues ello conlleva muchas veces el resquebrajamiento. Así mismo, y dado que en Lodoso había y hay un reloj en la torre, el campanero debía mantener el mismo en funcionamiento dándolo cuerda (subir la bola), corregir el horario si procedía, y mantener engrasada y limpia la máquina. El autor de esta Web sólo conoció como campanero al Sr. Millán González y muchas veces acompañó al hijo de éste, Fausto, a tocar a Mediodía y Oración y dar cuerda al reloj.
El reloj de la torre permaneció parado en el olvido desde comienzos de la década de 1960, sin más compañía que las palomas que utilizaban sus oquedades para hacer sus nidos. Pero la experta mano de Víctor Tajadura, allá por el año 1984, supo y consiguió volverlo hacer andar con su propia máquina durante algunos años. Dispuso de subida de la bola de la cuerda en modo automático y además confeccionó una nueva esfera externa. Con la prematura muerte del hacendoso Víctor, el reloj volvió a dejar de funcionar en modo “decente”. En la actualidad, y con gestiones de nuestra Asociación, y ya con máquina actualizada, el reloj sigue anunciando las horas en la torre.

 
       
   

A continuación vamos a intentar enumerar los toques de campanas:

 
       
     

Toques diarios:

 
     
  • Maitines: Se tocaba al clarear el día y se asociaba a la hora de levantarse. El toque consistía en nueve tañidos (nueve Avemarías) de la campana, tocados de tres en tres y de forma sosegada; y después, tañido rápido de otros nueve. Luego se volteaba el esquilín o campanillo.

 
     
  • Mediodía o "Angelus": El toque era igual que el de Maitines, y en el ámbito religioso recordaba el rezo del "Angelus". También marcaba de algún modo la inminente hora de la comida.

 
     
  • Oración: Se tocaba al anochecer y era igual que los anteriores en cuanto a tañidos, y recordaba la oración de "Laudes", e inminente hora de cenar.

 
       
     

Toques de especialidad:

 
     
  • A muerte: Se tocaba al clarear el día, al mediodía y al anochecer, hasta que se diese tierra al difunto. Si el fallecido era hombre se tocaban tres clamores y si era mujer, dos (Hoy sería un gesto discriminatorio, pero en aquel entonces era algo que mantenía la propia tradición). Cuando moría un niño, en cambio, se voltea el esquilín (campana pequeña), y se entendía que dicho toque, por aquello de que un niño siempre va al cielo, por su inocencia, era un "Toque de Gloria".

 
     
  • Toque de tormenta o Tente Nublo: Para cualquier labrador sabemos que su mayor enemigo es la tormenta, y si ésta lo es en Junio, o a primeros de Julio, cuando la espiga del cereal está en proceso de maduración, o ya madura, y dado que muchas de estas tormentas hacen su descarga con granizo o pedrisco, podemos suponernos, que poca o nada fe en lo sobrenatural hay que tener, para no encomendarse a algo o a alguien. Por eso también los toques de las campanas eran así mismo esa especie de ruego a ese "más allá" para alejar dicha tormenta. De hecho, a la vez que el campanero tañía la campana, recitaba aquello de:

    Tente nublo, tente tú,
    que Dios puede más que tú, más que tú.
    Si eres agua ven acá, ven acá;
    si eres piedra vete allá, vete allá.

 
     
  • Toque a quema: Es evidente que las campanas se utilizaban también para llevar aquellos mensajes que necesariamente debían conocer los vecinos, y máxime si estos mensajes eran de apremio, como lo es la solicitud de ayuda para aplacar un incendio. El toque consistía en el golpeo seguido y rápido de la mejor campana, sin interrupción en un largo tiempo.

 
     
  • A concejo: El toque era también con el fin de llevar el mensaje a los vecinos de la reunión a Concejo para algún fin del mismo, como pudiera ser una reunión para tratar un tema perentorio, o para anunciar la llegada del recaudador de impuestos, y por consiguiente pasarse por el concejo a cumplir con el fisco. Incluso yo recuerdo, que este toque también se usaba para reunir a la gente en el Concejo, y desde el mismo partir armados de picos, palas y azadas a arreglar los caminos, cuando se acercaban las fechas de verano, y por tanto de la recolección y se necesitaba que los caminos ofrecieran un poco de seguridad para transitar con los carros llenos de mies.

 
     
  • Toque a Misa: El toque se dividía en tres fases. En la primera a golpe de badajo se tocaba seguido y no deprisa unos 15 tañidos. En la segunda fase se volteaban las campanas en perfecta compás al que seguía el volteo de los esquilines. La tercera, era el toque de tres avisos espaciados entre sí en unos 5 minutos. Estos toques consistían, en lo concerniente al primer y segundo aviso, en el golpeo unos 15 tañidos seguidos, y tras unos tres segundos se golpeaba una vez para el primero, y dos, para el segundo. El tercer aviso, o toque de Tercera, se golpeaba únicamente tres veces con una cadencia de unos tres segundos entre ellos.

 
     
  • Toque a Rosario: Para el Rosario se tocaba únicamente la tercera fase de la misa, esto es los toques de Primera, Segunda y Tercera.

 
     
  • Todos los Santos, toque de "Ya Vendrán.." El toque de "Ya Vendrán" se hacía en la tarde de esta festividad, en recuerdo y citación a la oración por los difuntos. El mismo comenzaba al anochecer, y se repetía intermitentemente hasta bien entrada la noche de difuntos. Este toque lo comenzaba el campanero, pero a medida que avanzaba la noche los mozos que ya habían dado cuenta de "La Machorra", y que ya hemos explicado en el apartado de festividades, con grandes dosis de energías y "con pocos miedos", hacían clamar las campanas en lo tétrico de la noche de difuntos para implorar unas rezos por sus almas. Este toque, a la vez que se hacía, y que ayudaba a llevar el compás, se recitaba aquello de:

    Ya vendrán, ya vendrán, ya vendrán, vendrán, vendrán
    los canónigos a rezar,
    de la catedral.
    Ya vendrán, ya vendrán....

 
     
  • Toque de Procesión: El toque de procesión consistía en el volteo de campanas y esquilines a la vez, mientras la procesión recorría el pueblo.

 
     
  • Toque a víspera de Fiesta: Se hacía en la tarde del día anterior a la fiesta, y consistía en el volteo de las campanas durante algún tiempo, que solía estar en consonancia con la festividad.

 
   
 

 

 

 

 Labores relacionadas con la agricultura:  
         
   

En un pueblo eminentemente agrícola las labores de esta índole eran tantas y tales que sería un tanto arduo y engorroso su enumeración. Por lo tanto vamos a enumerar aquellas que por sus peculiaridades más nos vienen al recuerdo:

 
       
      La arada:  
 

Labor fundamental en agricultura, la arada tenía varios tipos según su finalidad. Así mismo los tipos de arado eran dos:
El arado romano, como su nombre indica, viene de tiempos de éstos en tierras de la Iberia, si bien habrá que presumir que a lo largo del mucho tiempo usado habrá tenido algunas variaciones. Se usaba para "acerrillar", o arada de sementera, en el surcado para siembra de patatas, y para el descubierto de las mismas en su recolección.

 
 

El arado brabán, o brabante, apareció en nuestra agricultura castellana a finales del siglo XIX y supuso toda una revolución, pues con su uso se volteaba la tierra de una manera total, cosa que no lograba el arado romano, y así el terreno se "turnaba" para su explotación agrícola con su utilización. Se utilizaba, mayormente, para el barbechado, arado de invierno para cebada y arado para siembra posterior de patatas.

 
       
     

Sembrado a voleo:

 
 

Esta faena requería de todo un arte para una buena distribución de las semillas. Para ello se procedía a "amelgar", que era el señalar una especie de calles en la finca mediante marcas con la azada o incluso con paja blanca (de cebada), utilizando como medida cierto número de pasos. Estas marcas guiaban al sembrador y señalaban los límites de las pasadas sembrando. Luego las semillas se tapaban con la rastra o grada, de la que tiraban los bueyes o mulos, y por último se allanaba con la tabla de la que también tiraban estos animales.

 
         
      La "pela":  
 

Solía procederse entorno a San Pedro, esto es, a finales de Junio y principios de Julio. En nuestro pueblo se recolectaban yeros para las ovejas y para el ganado bovino. Y titos, cuyo consumo podía serlo para estos mismos animales, e incluso para las personas (Recuérdese la fiesta tradicional que se celebra en Burgos de "Los Titos", el día de San Antonio, 17 de Enero, todos los años). De estas leguminosas también se aprovechaba la paja, llamada de "granilla", para los mismos animales; y dado que sus raíces son de cierta longitud, en vez de segarse, muchas veces, si el terreno no estaba muy seco, se arrancaban o pelaban para obtener mayor rendimiento de paja. Este arrancado se hacía por toda la familia lo que suponía algunos días de gran interacción familiar.
En la foto del margen, una antigua foto, esta sí de Lodoso, y en Lodoso, de en qué consistía y cómo se hacía la "pela".

 
         
      La siega:  
 

La época solía ser a lo largo del mes de Julio. Hasta mediados del siglo XIX, en los que aparece la agavilladora, el segado del trigo, cebada y avena se hacía mediante la hoz en tiempos más remotos, y luego mediante el dalle o guadaña, si bien éste útil de más rendimiento no gozaba de gran prestigio, pues si el cereal estaba muy seco el golpe de siega producía el desgranado de la espiga, y eso conllevaba pérdidas de grano. Ya, hacia los años 1940, aparece la agavilladora McCormick tirada por los animales y el trabajo se alivia en gran medida, pues con su utilización sólo hay que amontonar estas gavillas en "paredes" o "morenas", para su acarreo, más tarde, a la era para su trillado.

 
         
      El acarreado:  
 

Consistía en el traslado de la mies segada desde la finca a la era. Los carros se armaban con "inhiestos" (palos verticales y unidos por otros horizontales) y redes, para una mayor carga, y del arte del cargador dependía el buen rendimiento del mismo. Se solían hacer tres viajes antes de las once de la mañana, lo que suponía levantarse para el primero, sobre las tres de la mañana, y que se efectuaba a los sitios lejanos (Corralejo, La Rana, La Rodada etc.) Los otros dos, ya se hacían a lugares más próximos a la era. A los niños, cuando ya teníamos diez años, más o menos, nos llevaban para ayudar en el arrastrado de las morenas pues nada se podía desperdiciar, por lo que en esta época nos dormíamos en el trillo, en la era...

 
         
      La trilla:  

 

Consistía en dar vueltas con el trillo sobre la mies, la cual se extendía en la era, hasta que el grano se separaba completamente de la paja. El trillo lo formaban varias tablas unidas, teniendo en su parte inferior adheridas lascas de piedra, y a veces sierras metálicas las cuales rasgaban la paja y las espigas para desprender el grano. El trillo lo arrastraban los animales de labor, y para su conducción éramos empleados, a menudo, los niños e incluso los abuelos, pues esta labor del trillado, se efectuaba montados en el trillo, y sentados sobre sillas bajas a las que dotábamos de cualquier confort. La parva, que así se llamaba la mies en su proceso de trillado, se "revolvía" (dar la vuelta),  unas tres o cuatro veces para su trillado más rápido y efectivo, y para ello se usaban unas horcas de madera y cuando la mies estaba en su proceso último de trillado había que usar unas palas de madera para tal fin. Una vez trillada la parva se amontonaba, siendo éste montón el señalamiento clarificador de la hacienda de cada labrador.

 
         
      La bielda:  

 

Era el procedimiento del separado del grano de la paja. Hasta principios del siglo XX, esta labor se hacía lanzando a lo alto la mies trillada en un día de viento, y éste se encargaba de arrastrar la paja más lejos que el grano, lo que propiciaba su separado. Luego ya aparecieron las primeras máquinas beldadoras, movidas mediante una manivela o "zanca", la cual había que impulsar a puro brazo, lo cual era sumamente duro, y requería continuos relevos, si es que se disponía de ellos. Ya, bien entrados los años 1950, aparecieron los primeros motores (Campeón, Rex...) que se acoplaban a las beldadoras, o aventadoras, y supusieron un gran alivio para las menguadas fuerzas que quedaban del duro verano.

 
   

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